Desde que aprendimos a usar herramientas, los seres humanos construimos cosas. Hoy, en pleno siglo XXI, la construcción es más moderna y sofisticada que nunca. O al menos debería serlo.
Muchas empresas constructoras se resisten a adoptar las tecnologías que vuelven las obras más seguras y eficientes. ¿Por qué? ¿Y qué debería tener en cuenta el sector de acá en adelante?
La tecnología es, sencillamente, la aplicación del conocimiento científico con fines prácticos. Eso abarca desde buenas prácticas y normas de seguridad hasta herramientas de diseño, principios matemáticos y equipamiento avanzado. Es cierto que hoy casi todos los estudios de arquitectura y quienes planifican obras usan herramientas digitales para proyectar, pero otras tecnologías se adoptaron mucho más lento.
Por ejemplo, menos del 40 por ciento de las empresas constructoras usa drones para relevar y monitorear la obra. Solo entre el 15 y el 20 por ciento usa escaneos virtuales e imágenes de 360 grados para proyectar o documentar el avance. La realidad virtual y la aumentada son todavía menos frecuentes: apenas el 13 por ciento las emplea. Todas estas herramientas mejoran la eficiencia y aseguran que se compren los materiales y equipos correctos. Entonces, ¿por qué no las usan más empresas?
También hay muchísimas herramientas digitales que permiten dirigir una obra de forma más inteligente. La automatización y el software de análisis con inteligencia artificial ayudan a armar presupuestos precisos, optimizar cronogramas, emitir reportes al instante y mucho más. Además, hay dispositivos y hasta ropa de trabajo (cascos, botas, chalecos) capaces de monitorear la salud y el rendimiento del personal. Con la tecnología actual, todo se procesa y analiza en segundos.
Es una forma extraordinaria de reducir la fatiga, bajar la rotación de personal, asignar mejor los equipos y evitar que el presupuesto se infle. Entonces, otra vez: ¿por qué no hay más empresas usando estas herramientas?
Según algunas estimaciones, menos del 25 por ciento de las obras se terminan en tiempo. Las razones varían, pero la mala gestión del flujo de trabajo y los procesos de proyecto engorrosos se destacan como problemas evidentes. Incluso quienes dirigen bien tienen dificultades para alinear todos los frentes, y cualquier desajuste genera demoras.
Sin aprovechar las tecnologías disponibles para ordenar la obra, es casi inevitable pasar por alto un obstáculo evitable. Ya sea olvidar un gasto con fecha límite o no asignar suficiente personal en un momento crítico, esos errores simples frenan seriamente el avance.
Una obra demorada hace más que inflar el presupuesto y frustrar al equipo: en todos los sectores, la baja productividad en obra cuesta la friolera de 1,6 billones de dólares a nivel global. Eso es ingreso perdido para inversores y propietarios que esperan la entrega.
Con un conjunto de herramientas para automatizar, monitorear y optimizar el trabajo, quien dirige puede superar el típico esquema de arranques y frenadas que caracteriza a tantas obras. Anticipar necesidades y asignar bien los recursos es clave para entregar en tiempo. Y dejar que las computadoras hagan las tareas tediosas ahorra incontables horas.
Si estas soluciones permiten terminar en tiempo y dentro del costo, ¿qué impide adoptarlas? Como con cualquier innovación, muchas empresas no quieren asumir el riesgo. ¿El retorno va a justificar la inversión? ¿La nueva tecnología va a mejorar de verdad la eficiencia?
Es natural desconfiar de los sistemas nuevos, sobre todo si una constructora considera que las demoras y las ineficiencias son parte del oficio. Y por supuesto, cada herramienta cuesta dinero. Hay empresas que no están dispuestas a invertirlo por un ahorro futuro que quizá no llegue.
Como la mayoría de las obras igual no termina en fecha, esa actitud no sorprende. Aun así, llama la atención que no haya más preocupación por el costo económico, y menos aún por los riesgos de seguridad. La respuesta simple es que la seguridad ya está incorporada en la normativa del sector y en los propios equipos. Además, los inversores ya dan por hecho que habrá demoras y planifican en consecuencia.
Llega un punto en que la forma vieja de hacer las cosas deja de funcionar. La preocupación por la seguridad del personal y la demanda creciente de obra nueva presionan a las constructoras para trabajar mejor, más seguro y más rápido. Si a eso le sumas que las tecnologías nuevas cuestan cada vez menos, la adopción crece de a poco pero con firmeza.
También hubo un giro importante hacia el diseño y la construcción modular, donde parte del edificio se arma fuera del sitio. Esa práctica redujo costos generales, y por eso algunas empresas no ven la necesidad de ordenar más el proceso. Del otro lado, la necesidad de supervisar varias obras y proveedores empuja a muchas a usar software de gestión y presupuestación automatizado.
Por último, hay empresas que simplemente intentan recuperarse de problemas de imagen. Una obra mal gestionada deriva en accidentes, sobrecostos, perjuicio económico para los comercios de la zona y, al final, mala prensa. Con cada vez más medios (y las redes sociales), la presión por entregar a tiempo es mayor.
Aun así, falta camino. La construcción sigue décadas atrás de otros sectores que se beneficiaron enormemente de la innovación. Y para ser justos, muchas herramientas nuevas, como los lentes inteligentes y las impresoras 3D, todavía son caras. Quien dirige no ve que el beneficio compense el costo.
Si quieres entregar más obras en tiempo y dentro del costo, hay soluciones accesibles para implementar. Según el tipo de obra que hagas, los escaneos virtuales y los modelos impresos en 3D pueden ser excesivos. Pero es seguro decir que cualquier obra mejora con una mejor gestión del flujo de trabajo, seguimiento del avance, presupuestación y control de partidas. Son tareas esenciales que consumen muchísimo tiempo, y un solo error genera demoras caras.
No hace falta destinar gran parte del presupuesto a tecnología. Elige una o dos áreas prioritarias para mejorar. Para la mayoría, esas son la gestión de personal y la presupuestación de costos. Van de la mano, porque la gente mal asignada y los gastos olvidados se alimentan entre sí.
Intenta salir de la zona de confort en esas áreas. Al evitar un cambio total de sistemas y procesos, reduces la resistencia y logras que el equipo acompañe. Después, mide el impacto de la nueva herramienta. La buena noticia es que las soluciones automatizadas de presupuestación y gestión hacen muy fácil generar reportes y probar escenarios. Los resultados te pueden sorprender.
La adopción de nuevas tecnologías en construcción puede ser lenta, pero con el tiempo los beneficios van a superar los costos. Conviene evaluar dónde las herramientas y métodos viejos están perjudicando al negocio. A medida que más empresas se animen, el interés general va a crecer, y llegado el momento la mayoría va a descubrir que necesita adoptarlas para seguir siendo competitiva.
Mientras tanto, una constructora puede automatizar y ordenar sus obras a un costo razonable con software de gestión y presupuestación. Si te interesa, CostMiner puede ser un gran punto de partida. Nuestro software de cómputo y presupuestos, rápido y fácil de usar, ayuda a planificar y seguir las partidas con precisión, armar presupuestos y acceder a una presupuestación completa a un precio razonable. Comienza hoy tu prueba gratuita y lleva tu próxima obra a otro nivel.